domingo, 12 de mayo de 2013

Padre Carlos Mujica, los valores cristianos del Peronismo


Se cumplieron 39 años del cobarde asesinato del Padre Carlos Mujica. Vaya este pequeño homenaje que realiza el compañero Juan Ciucci a esa gran figura de la Iglesia Cristiana que entregó su vida por comprender y defender a los humildes de la patria. 

Un legado es tal en tanto y en cuanto interpele nuestro presente. Si no será mera evocación, homenaje póstumo, fecha oficial. La muerte de Carlos Mugica aun nos duela, aun nos interroga. Y su vida nos obliga a repensar continuamente nuestras propias vidas, y los alcances de un proyecto político que abrazamos. Nos evoca todo aquello que falta, y a todos aquellos que sufren bajo este sistema de producción/explotación. 

Su labor militante está presente también en sus textos, los cuales aparecen en la recopilación Peronismo y Cristianismo (ver libro), editada originalmente en julio de 1973, y reeditada recientemente. Allí encontramos los fundamentos de su opción por los pobres, y de su identidad política peronista. Son textos que abordan diversos temas, en torno al sacerdocio y el compromiso.


Elegimos analizar aquí el texto Los valores cristianos del peronismo. Tema que se vió actualizado por la elección de Bergoglio como Papa, y que llegó a la caricatura de afiches que rezaban "un Papa peronista". Si seguimos el planteo de Horacio González, esa elección clausuró una discusión abierta en los ´70, de la cual Carlos Mugica fue un ferviente partícipe, y cuyas ideas serían hoy las plausibles de derrota. 

Este texto expone las relaciones con el mundo social y político que deben llevar adelante los cristianos. Mugica recupera aquellos hitos que potenciaron esa mirada en la segunda mitad del Siglo XX: el Concilio Vatiano II, la Populorum Progressio, el encuentro de Medellín, Camilo Torres, Theilard de Chardin, Helder Cámara, el “Che” Guevara, Marx, Freud. “Tengo que amar a los seres humanos y amar las estructuras que contribuyen a que esos seres humanos se realicen como hombres (...). Y debo tratar de destruir o modificar las estructuras que les impiden vivir de esa manera”. Esta concepción entronca la vida material con la espiritual, entiende al amor no sólo como algo personal, sino también colectivo. 

La propuesta de los Curas Tercermundistas no intenta cambiar la Iglesia, sino volver a su autentica tradición. “Que la Iglesia asuma hoy los mismos valores que asumió la comunidad prototípica para los cristianos (...) en la que todavía resonaba a voz de Cristo. Es decir, la primera comunidad cristiana que vivió en autentica comunidad de bienes (Hechos de los apóstoles, capítulos 2 y 4)”, afirma Mugica. 

Evangelizar significa proponer y provocar la toma de conciencia en los hombres de que son hijos de Dios. Que lo sepan, permitirá que recuperen su dignidad, que puedan enfrentarse al patrón al saberse parte de algo superior, y no permitir volver a ser vejarlos. Es un conocimiento liberador, que debe darse en el marco de una revolución interior. Mugica la emparenta con la revolución cultural de Mao, y la define como “formar hombres que vivan en función de servicio hacia los otros”. Es también el Hombre Nuevo guevarista, la clara conciencia de la necesidad de una nueva humanidad que acompañe la actual batalla política y económica. Un nuevo humanismo era propuesto y reclamado, y algunos incluso llegaron a encarnarlo, llegaron a ser esos hombres de un nuevo siglo. 

Mugica se sirve del documento “Justicia y pastoral popular” que redacta el Episcopado Argentino en 1969, para organizar su exposición. Toma de allí los elementos que construyen su apuesta evangelizadora: la complicidad que implica convivir con la injusticia, la aceptación de la violencia, estar o no dispuesto a matar, el deber de estar dispuesto a morir, la necesidad de cambiar las estructuras injustas.

“Los obispos dicen que nuestra estructura económica es anticristiana y opresora. Primero, porque en lugar de estar la economía al servicio del hombre, el hombre está al servicio de la economía. Segundo, porque lo social está subordinado a lo económico con las consecuencias que acarrea”. 

Peronismo

Ante este orden de cosas, “la acción de la Iglesia debe estar orientada hacia el pueblo, pero también desde el pueblo mismo. Y creo esto es fundamental para hacer una valoración del peronismo. Porque una cosa es mirar el peronismo desde los pobres, desde el pueblo, y otra cosa es mirarlo desde la clase media o desde la oligarquía”, dice Mugica. 

Su opción por los pobres es su opción por el pueblo, por los oprimidos. Se reconoce “antiperonista hasta los 26 años, y mi proceso de acercamiento al peronismo coincidió con mi cristianización”; siguiendo a Juan XXIII que decía que “la Iglesia es de todos pero ante todo es de los pobres”. 

Seguir a Cristo es hacer como Cristo. Implica una opción concreta ese hacer, “y toda opción concreta esta cargada de historicidad y por lo tanto es relativa. (...) Los valores cristianos son propios de cualquier época, trascienden los movimientos políticos, en cambio el peronismo es un movimiento que asume los valores cristianos en determinada época”. 

La opción política es el peronismo. “Esto no significa que no se puede ser cristiano y no peronista. Lo que sí me parece más difícil es ser cristiano y antiperonista”. Pero enseguida remarca la distancia crítica que se debe guardar con la opción política. “En la adhesión a cualquier movimiento político, un cristiano debe siempre mantener una distancia critica desde la fe. Tiene que relativizarlo, que no significa minimizarlo. Puede adherir a él pero un cristiano sabe que un movimiento político no va a crear la sociedad perfecta, va a realizar sí determinados valores pero también corre el riesgo permanente de desvirtuar esos valores”. 

Esa distancia crítica es la que posibilita la propia participación y la posibilidad de profundización en el movimiento político. “Pero puede criticarlo solo en la medida de su participación en el proceso, en la medida en que no esté mirando el partido desde afuera”. El compromiso permite la critica, no es ésta un valor en sí, sino que depende del grado de participación que tengamos en el movimiento para que cobre valor político. 

Surge cómo saber si es el peronismo “la instancia histórica a través de la que me interpela Cristo”. “El juez es la gente, el pueblo, los oprimidos. (...) Yo sé por el Evangelio, por la actitud de Cristo, que tengo que mirar la historia humana desde los pobres. Y en la Argentina la mayoría de los pobres son peronistas, para decirlo de manera muy simple”. La opción por los pobres, es la opción por el peronismo. 

Ideólogo y político

Traza luego Carlos Mugica una clara distinción entre ideólogo y político, que conecta y ejemplifica con la actualidad que le toca vivir: 

“El ideólogo se maneja con ideas que tienen mucha claridad, pero siempre se refieren al fin que hay que alcanzar. No se refiere a lo que es actual. Un ejemplo serían los que adhieren al ERP o al Partido Comunista. (Los marxistas) privilegian al hombre económico y se olvidan del político, por eso les es difícil entender el peronismo, que privilegia más lo político que lo económico”. 

“El político, en cambio, maneja las fuerzas existentes. Actúa como quien tiene que tomar decisiones. Por ejemplo, las tres grandes banderas del peronismo –independencia económica, soberanía política, justicia social- son pautas asequibles. Lo escatológico del peronismo es el socialismo nacional hacia el que tenemos que apuntar”.

“El peligro del ideólogo es el sectarismo que lo lleva a una estructura en el fondo racionalista y lo lleva a separase de la realidad. El peligro del político es el populismo, a veces la utilización de los medios le puede hacer olvida los fines”. 

“Los cristianos siempre hemos tendido a ser ideólogos, siempre le hemos tenido mucho miedo a la realidad concreta porque es ambigua. Y mientras nos preguntamos si estará bien, si estará mal, el problema ya lo habían resuelto otros. (...) En el fondo, la opción política siempre es por el mal menor, siempre estoy eligiendo de esta manera porque el bien perfecto no existe”. 

“En el Evangelio Jesús no nos reprueba por haber optado mal, a menos que nuestra opción nos sea imputable por irresponsabilidad o por falta de preparación, no condena al que usó el talento y no lo hizo fructificar mucho, condena al que guardó el talento, al que no lo quiso arriesgar, al que por miedo a equivocarse no hace nada”. 

“Para poder santificarme, para poder realmente crecer en el amor a Dios y a mis hermanos, tengo que servir con capacidad creadora. No debo renunciar a mi derecho a decidir y tengo que hacerlo con fuerza pero sin odio”. 

Dependencia o liberación nacional 

La opción por los pobres, por el pueblo, es la opción por el peronismo. Pero no es cualquier peronismo el peronismo de lo pobres. “En esta lucha por la liberación nacional no se tiene que dar, necesariamente, la lucha de clases. Pueden entrar en ella no solo los obreros, los estudiantes, sino inclusive loe empresarios con sentido nacional. Creo que después sí va a venir la cosa entre los empresarios y los obreros, en un segundo tiempo. Es decir, una sociedad en la que se realicen plenamente los valores cristianos, será una sociedad sin empresarios. Los roles subsistirán, pero no la relación de dependencia deshumanizante”. 

La opción por los pobres rechaza los acuerdos con los empresarios, que son quienes se benefician con esa pobreza. Como político, entiende un primer momento de unión en el frente de liberación nacional, pero sabe que eso necesariamente es pasajero. Relata Mugica su preocupación por ciertas coincidencias con empresarios, aunque luego se tranquilice al encontrar las diferencias. “Tuvimos una reunión con empresarios cristianos y coincidían plenamente con nosotros. Nos quedamos bastante mal al ver esa coincidencia tan total, pero en la segunda reunión se empezaron a aclara más las cosas y a coincidir menos”.


Ese peronismo es el que daba la disputa en los ´70, la noción de un peronismo de base, que había construido las banderas del socialismo nacional. Un socialismo con raigambres propias, tomadas de nuestra historia, de las construcciones que el pueblo hizo propias. Mugica le aportaba un mensaje cristiano que también le es propio a nuestro pueblo, que luego del genocidio americano cometido por la Corona española y la Iglesia Católica, reconoce a Cristo como su salvador. Pero ese mensaje de salvación también tiene otras vertientes, y no sólo la que dicta el Vaticano. 

La elección de Bergoglio como Obispo de Roma obviamente repercute en nuestro país, tanto en el plano político como en el espiritual. Podemos temer que clausure aquel “conjunto de polémicas de los años setenta, en relación a organizaciones sociales y políticas del Peronismo, implicado en la militancia católica por un lado, y las distintas interpretaciones del legado de la Iglesia en cuanto a su visión de la sociedad, y su visión de las ciencias sociales”, como dice Horacio González. 

En ese tránsito, recordar a Carlos Mugica es intentar sostener aquellas banderas que aun necesitamos desplegar en los campos de batalla. Es todo aquello que aun nos falta, y la clara conciencia de por qué nos falta. De allí que sea aun incómodo se recuerdo, que nos carcoma su ejemplo, y que debamos asumir con entereza y ferviente militancia su legado.




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